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VIOLENCIA Y DELITO: Una mirada desde lo global hasta el ámbito local

enero 30, 2014

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Por: Pedro Rangel Rojas

Experto en Seguridad Ciudadana (ONU _ PNUD)

 

1. La violencia y el delito en el mundo y en el Continente

El 06 de octubre de 2011, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDC) publicó por primera vez, un estudio global sobre la violencia homicida. El análisi llevado a cabo, indica que durante el 2010 se registró un total de 468.00 homicidios, de los cuales el 42% ocurrió por armas de fuego, y el 21% de las víctimas fueron menores de 34 años. La tasa mundial se ubicó en 6,9  asesinatos por cada 100.000 habitantes.  La distribución geográfica fue la siguiente: Africa 36%, Asia 27%, Europa 5% y Oceanía 1%.

En América Latina, cada día fueron asesinadas 350 personas. El subcontinente con apenas 8% de la población mundial, mantiene una tasa de 26 homicidios por cada 100.000 habitantes, registra el 66% de los secuestros extorsivos del orbe, y la violencia sexual y doméstica afecta entre el 25% y 50% de las mujeres.

Al hacer un análisis de las causas asociadas o factores causales de la violencia y el delito en el mundo; Naciones Unidas establece un nexo muy estrecho con el Desarrollo Humano. Los países con altos niveles de marginalidad e inequidad tienen más probabilidades de ser afectados por el delito y la violencia, que aquellas sociedades en las cuales las personas pueden desarrollar todo su potencial para mejorar su calidad de vida. 

Las armas de fuego y la delincuencia organizada se sencuentran vinculadas al incremento de la violencia y el delito. En efecto 196.560 de los 468.000 homicidios fueron cometidos con armas de fuego, al igual que el 75% de los asesinatos ocurridos en el continente americano. A la delincuencia organizada, se le atribuye el 25% de las muertes utilizando el mismo medio para la comisión del delito. El Estado de Derecho es el otro elemento a considerar, dado que se ha podido establecer uan relación directa entre los índices de violencia y la existencia o no de un Estado Democrático.

2. La violencia y el delito en Venezuela

De acuerdo a las cifras emitidas por el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores; Justicia y Paz, durante el 2012 se registró un total de 151.690 delitos, de los cuales 16.072 corresponden a homicidios y representan una tasa de 56 por cada 100.00 habitantes, lo cual ubica al país como el más violento de América del Sur y el segundo de América Latina. De estas cifras, 41% de las víctimas son jóvenes entre 21 y 30 años de edad, pertenecientes a los estratos más bajos de la población.

Al analizar, la edad promedio de los victimarios, esta se corresponde con la de las víctimas. La situación indica que hay un proceso de descapitalización humana, cuyas consecuencias se harán sentir en el mediano y largo plazo. Un análisis más detallado de la situación, desde el año 1999 al 2012, permite caracterizar la evolución de la violencia que afecta a los ciudadanos. Las cifras dadas a conocer por el Órgano Rector, permiten señalar que en el país ha venido ocurriendo un aumento sistemático de los homicidios. Así tenemos que en 1999 fueron registrados 5.968 casos, para una tasa de 26 por cada 100.000 habitantes; en el año 2003 hubo 11.342, es decir 44 asesinatos cada 100.000 habitantes, para el 2007 el registro fue de 13.156, lo cual señala una tasa de 48 víctimas por cada 100.000 habitantes, y entre 2007 y 2012, los homicidios alcazaron una tasa de 56. En este último año murieron diariamente 44 personas.

El 60% de los asesinatos ocurridos en 2012, se ubicaron en las áreas urbanas de mayor densidad de población, a lo que hay que agregar la situación de exclusión, precariedad de los servicios e inseguridad. Los espacios geográficos  con los mayores índices: Edo. Miranda con 2.576 casos para una tasa de 96 homicidios cada 100.000 habitantes; Distrito Capital 1.743, es decir 90, por cada 100.000 habitantes; y los estados Carabobo  con 1.851 que se traduce en 82 víctimas cada 100.000 habitantes, Aragua con 1.068 casos para un registro de 66 por cada 100.000 habitantes; Lara presenta 998 homicidios que corresponde a una tasa de 56 por cada 100.000 habitantes, y Zulia con 1.471 víctimas para una tasa de 40 para cada 100.000 habitantes.

El estudio sistematizado realizado por el Instituto de Investigaciones de Convivencia y Seguridad Ciudadana (INCOSEC), en los últimos cuatro años, sobre la Situación de Violencia y Delincuencia en Venezuela (1), permite identificar un conjunto de factores asociados que interactúan entre sí y definen el perfil multicausal de la violencia y la delicuencia. Entre ellos: la debilidad insitutcional de los Poderes Públicos frente al delito. El Órgano Rector adolece de un Plan Nacional de Convivencia y Seguridad Ciudadana para prevenir el delito, proteger a los ciudadanos, sancionar victimarios, reparar los daños ocasionados a las víctimas, rehabilitar y reinsertar en la sociedad a quienes han infringido la norma y cumplido las condenas impuestas. La ineficacia del Poder Legislativo, en cuanto al ejercicio del control parlamentario sobre el Órgano Rector y los Órganos de Seguridad Ciudadana para garantizar la protección de las personas, los bienes, propiedades y el respeto a los derechos fudamentales.

El Retardo Procesal  que incide en el nivel de hacinamiento en las cárceles; un índice general de impunidad de 92% y el déficit de jueces, fiscales y alguaciles. El Subsistema Carclario esta colapsado y la Institución Policial tienen muy baja capacidad operativa y registra elevados niveles de desconfianza por parte de la población. El Poder Ciudadano ha sido poco diligente en lo que respecta al cumplimiento de sus funciones referidas a la promoción de todas aquellas actividades pedagógicas orientadas a fortalecer la cultura ciudadana, como instrumento de prevención y los Derechos Humanos (Art. 278 de la CRBV)

Otros factores que inciden en la inseguridad son: la presencia de delincuencia transnacional organizada, el excesivo número de armas en manos de la población, vinculado al 79% de los homicidios; así como un número importanted de jóvenes, mujeres, niños, niñas y adolescentes en situación vulnerable  en un contexto urbano informal  con altos índices de percepción de inseguridad ; son algunos de los factores determinantes que le dan características multidimensionales al problema, lo cual demanda estrategias integrales de carácter multifactorial acordes con la situación.

3. Violencia y delito en el ámbito local

El 06 de junio de 2012, el Presidente de la República presentó a través de los diferentes medios de comunicación, la Gran Misión a Toda Vida Venezuela (GMATV); en dicha presentación, expresó que el 86% de las muertes ejecutadas ilegítimamente con violencia, se registraron en 79  municipios del país. Cuarenta de estos, es decir el 51% corresponde a los seis estados precitados anteriormente. Cada uno de dichos municipios registran tasas superiores a 50 homicidios  por cada 100.000 habitantes, siendo su situación crítica.

El análisis del tema, así como su interpretación, identifica los elementos esenciales generalmente presentes en los diganósticos locales, los cuales tiene que ver con: Déficit de Capital Social entendido éste, en términos de capacidad de asociación con la comunidad sobre la base de la confianza interpesonal e intitucional, el acatamiento de la Ley y la aceptación de las diferencias para articularse alrededor de los Órganos de Seguridad Ciudadana y convertirse en sujetos activos en la resolución pacífica de los problemas de convivencia. Presencia de factores de riesgo o catalizadores de la violencia, como son por ejemplo: consumo irersponsable de drogas, población en situación de vulnerabilidad  y excesivo número de armas legales e ilegales en manos de la población. Problemas derivados del maltrato familiar y de género. El hogar es un referente en el cual se reproducen a escala los modelos de interrelación en la comunidad y en la sociedad; se internalizan valores, normas, deberes y relaciones de dominio y subordinación que se fijan y tienen efectos multiplicadores. Contextos socio urbanos  informales.  Los estudios de violencia interpersonal y percepción de la seguridad, han señalado que las ciudades con elevados niveles de deterioro , ocupaación de aceras y del espacio público por vehículos y motocicletas, el comercio informal o población en situación vulnerable, aunado a la acumulación de basura y equipamientos urbanos deteriorados, incrementan la sensación de inseguridad e intranquilidad de las personas. Presencia de delincuencia compleja uno de cuyos indicadores es el grado de planificación y organización  para llevarlos a cabo, como por ejemplo: atracos a bancos, secuestro exprés, robo de vehículos, tráfico de sustancia psicotrópicas y estupefacientes,etc. Ineficacia de los Órganos de Seguridad Ciudadana reflejada en términos de tiempo y calidad de respuesta ante las demandas ciudadanas de seguridad. En algunos casos, estos organismos no poseen ni los recursos ni la capacitación  para cumplir la misión asignada.

El análisis, integración e interpretación  de estos factores  indica que es urgente  la adopción de medidas de prevención y control con respeto a los derechos humanos y la activa participación de los gobiernos locales en la gestión de seguridad. Así lo señalan además, las experiencias exitosas ocurridas en el mundo y en América Latina en los últimos treinta años.

A modo de ejemplo citaremos, los contratos de seguridad local, promovidos en Francia en la década de los ochenta, cuyos resultados dieron origen al Fondo Europeo para la Seguridad. En Inglaterra, a partir de los noventa, la legislación  estableció la obligación a las autoridades de generar espacios para debatir el tema con las comunidades, elaborar diagnósticos y formular propuestas al respecto.

En América Latina, entre 1995 y 2003 se llevó a cabo la transformación de Bogotá en ciudad segura, gracias a los gobiernos de Antanas Mockus y Enrique Peñalosa, quienes colaboraron e implantaron un conjunto de políticas públicas con ejes temáticos priorizando  la prevención social y el control.

La ciudad de Medellín, logró un cambio radical en los niveles de inseguridad durante la gestión de los Alcaldes Sergio Fajardo y Alonso Salazar (2004 – 2009). Dignas de citar son las experiencias de Guayaquil con el Alcalde Jaime Nebot, reelecto en los años 2000 – 2004 y 2009, así como la de Quito bajo la administración de Paco Moncayo (2000 – 2009). Esto sin dejar  de mencionar otros casos como los de la provincia de Mendoza en Argentina, el Programa de Municipios Seguros  en Paraguay y las actividades de la Secretaría Nacional de Seguridad Pública (SENASP) de Brasil para promover alianzas con los gobiernos locales en el tema de seguridad. 

Hoy los ciudadanos exigen que sus problemas, entre ellos el de la inseguridad, sean resueltos en el ámbito local, que es donde estos ocurren y de ser resueltos, no tendrían mayor transcendencia. De allí la responsabilida insoslayable de las funciones que ha de cumplir el Alcalde. En tal sentido se resume a continuación, las que a nuestro criterio, en consonancia con las leyes de la materia, son más relevantes: (1) Asumir la competencia recurrente que le corresponde en materia de seguridad ciudadana. (2) Promover la prevenció y el control  del delito y la participación ciudadana para la definición de planes y supervisión. (3) Ajustar los indicadores de desempeño policial al cumplimiento de objetivos, metas y patrones establecidos por el Órgano Rector. (4) Someter a consideración del Órgano Rector  la aprobación de nombramiento del Director de Policía y la habilitación para formar los Cuerpos de Policía.  (5) Promover el establecimiento de la Policía Comunal como estrategia para fortalecer la prevención. (6) Cumplir y hacer cumplir los procesos de rendición de cuentas de los Órganos de Seguridad Ciudadana. (7) Las demás señaladas en la Ley que rige la materia. 

En conclusión: la violencia y el delito atentan contra la vida,la libertad y la seguridad de las personas, compromete la lucha contra la pobreza e incide negativamente en la estabilidad de las instituciones y el desarrollo humano. Está intimamente relacionada con la marginalidad y la inequidad, y se asimila a una disminución en la capacida de respuesta institucional.

En Venezuela, la inseguridad constituye la preocupación fundamental de los ciudadanos. Se encuentra asociada a la idea de una gestión poco eficiente, en la cual no se percibe  el fotalecimiento de los gobiernos locales como una condición necesaria  para el éxito  de los planes integrales que combinen equilibradamente la prevención y el control con respeto a los derechos humanos. Afirmamos sin ambages, que los gobiernos locales, constituyen el eje fundamental donde se articula la corresponsabilidad  en la generación de mejores niveles de convivencia y seguridad ciudadana.

Notas:

1. Incosec 20009, 2010,2011 y 2012: Informe Anual sobre la Situación de Seguridad Ciudadana en Venezuela.Obras: Politicas Públicas de Convivencia y Seguridad Ciudadana para el Dtto.Metropolitano (2010), y Seguridad Ciudadana y Políticas Públicas en Venezuela (2011) – Referencias para la Acción.

2. Incosec 2011: Seguridad Ciudadana y Políticas Públias en Venezuela. – PNUD 2006: Gobernabilidad Local y Seguridad Ciudadana . Proyecto Regional. Feria del Conocimiento Local en America Latina – LAC – SURF – PNUD.

Fuentes consultadas:

Costa,G. La Situación de Seguridad Ciudadana en América Latina: Artículo publicado en Inter American Dialogue  2011 (PNUD)

Consejo Nacional de Policía. Colección Baquía. Reglas Mínimas de estandarización de los Cuerpos Policiales

Constitución República Bolivariana de Venezuela. Gaceta Oficial  No. Fecha 24 marzo 2000

Ley Orgánica del Servicio de Policía y del Cuerpo de Policía Nacional. Gaceta Oficial No. 5.880. Fecha 09 abril 2008.

Gobernabilidad Local, Convivencia y Seguridad Ciudadana. PNUD 2006.

Gran Misión a Toda Vida Venezuela  (GMATV – 2012)

Incosec: Informes sobre situación  de Seguridad Ciudadana en Venezuela. Años 2009 – 2010 – 2011 y 2012.

Ley del Estatuto de la Funció Policial. Gaceta Oficial  No. 39.303. Fecha 10 Nov 2009

Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores  y Justicia (MPPRJ). Memoria y Cuenta. Año 2012.

Oficina de las Naciones Unidas contra el Delito y la Droga. Estudio Global sobre la Violencia Homicida en el Mundo. Oct 2011

Políticas Públicas de Convivencia y Seguridad Ciudadana – Dtto. Metropolitano de Caracas. Incosec 2010

Seguridad Ciudadana y Políticas Públicas en Venezuela (2011) – Referencias para la Acción.

Violencia Interpersonal y Percepción Ciudadana de la Situacipon de Seguridad en Venezuela. Incosec 2010

 

 

 

Pedro Rangel: “A Toda Vida es una misión represiva y no preventiva”

enero 9, 2014

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Pedro Rangel, Director de Incosec, cree que con prevención, rehabilitación y capacitación ciudadana se puede reducir el delito

Articulo por: Vanessa Moreno Lozada. – Foto: William Dumont

Fecha: 5 de enero 2014. Diario El Nacional – Sección: Sucesos

El 10 de julio de 2012 fue oficializada la Misión A Toda Vida Venezuela con seis vértices de acción que abarcan la prevención, la convivencia para la seguridad ciudadana, el mejoramiento del sistema carcelario, el fortalecimiento de los cuerpos de seguridad, la atención a las víctimas y la transformación del sistema  judicial. Todos esos objetivos fueron considerados por el gobierno como parte de una política pública para disminuir los índices de inseguridad.

Sin embargo, en 2013 el programa social fue enfocado en la presencia policial y militar en la calle con planes como Patria Segura, Patrullaje Inteligente y Corredores Viales.

Pedro Rangel, director del Instituto de Convivencia y Seguridad Ciudadana (INCOSEC), indica que el gobierno tiene una deuda con la prevención del delito, pues A Toda Vida solo ha trabajado el control y represión policial para atacar los altos índices de inseguridad. Ha sido represiva y no preventiva.

De acuerdo con los lineamientos de la misión, la prevención integral y la convivencia solidaria es el primero de los seis vértices. Tiene a su vez seis líneas estratégicas que incluyen la promoción de valores en el ámbito familiar, comunitario; la promoción de centros educativos, la creación de normas de convivencia, la prevención de accidentes de tránsito; la actuación adecuada ante emergencias; la inclusión juvenil en el área laboral; el control de armas y municiones; un sistema de prevención y control de consumo de drogas; y la promoción de proyectos para la convivencia solidaria.

Estos lineamientos deben abarcar la implementación de 24 medidas para alcanzarlos. Hasta la fecha, solo 6 fueron desarrolladas: una campaña para la convivencia, la instalación de un Observatorio de la Violencia, la inauguración de 1 de los 39 núcleos del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles prometidos, el control de la venta de alcohol, la restricción del porte de armas, campañas para la destrucción masiva de armas y la promoción de actividades deportivas. Sin embargo, no hay información oficial sobre los resultados obtenidos.

Rangel considera que existe una falta de sistematización en las líneas estratégicas de prevención, y aseguró que esa es la principal deficiencia del programa gubernamental.

“No hay promoción ni información suficiente. Se hacen talleres y actividades en las comunidades que terminan disipándose porque no se continúan. Así solo estamos haciendo 25% del trabajo. De nada valen  los operativos policiales y que activemos la fuerza militar en la calle si estas acciones no van de la mano con la prevención, rehabilitación y capacitación al ciudadano ante situaciones de emergencia. Esos tres factores son importantes para abordar el problema desde la raíz”, aseveró.

Indicó que el programa plantea soluciones ajustadas a la realidad pero se quedaron en letra muerta, y considera urgente el cumplimiento de la política de control de armas y municiones y de desarme.

Hay que desmotivar el porte de armas, hacer entender a la gente que estar armado es un riesgo, pues casi 57% de las personas que usan un arma son víctimas de ellas”, explicó.

Agregó que la promoción de los valores, la formación de docentes para abordar el tema de la violencia, la creación de un programa de empleo juvenil y la inserción escolar, así como la capacitación de los consejos comunales para la resolución pacífica de los conflictos son aspectos que el gobierno abandonó.

La violencia se vistió de líder político

junio 14, 2013

Conducta social ha sido reflejo de los mensajes violentos de altos gobernantes

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Por: Deivis Ramírez Miranda

Publicado en el Diario El Universal

Fecha: viernes 14 junio de 2013 

 

 La sociedad venezolana, desde el año 2005, ha venido transitando por un camino espinoso donde la violencia se posicionó como el principal problema del país. No en vano, las cifras de homicidios, como uno de los delitos de mayor auge, muestran un incremento bastante desfavorable para las políticas de seguridad implementadas por el Gobierno Nacional.

A juicio de expertos en materia de seguridad, el que los índices de violencia hayan aumentado significativamente desde ese año es producto, en gran parte, de un discurso cargado de violencia que lo que ha parido son dos grandes vertientes: unión y confrontación.

Pedro Rangel, director del Instituto de Convivencia y Seguridad Ciudadana (Incosec), explica que este fenómeno es producto de un lineamiento directo dado por el líder político del momento.

En el caso del fallecido presidente Hugo Chávez, quien fue estrictamente crítico y contundente en las alocuciones, sus discursos cargados de un verbo violento y de confrontación con sus “enemigos” (la “derecha”, el “imperialismo” y demás calificativos de quienes lo adversaron políticamente), dieron pie a que gran parte de sus seguidores actuaran con la misma vehemencia, y hasta más fuerte, que él utilizaba.

En el año 2002, cuando Hugo Chávez lanzó la frase: “Cómo hacemos, el que tenga hambre que robe”, fue altamente cuestionado por sectores de la oposición política del país.

En ese momento, se le acusó de ser permisivo e incitador de la violencia, pues muchas personas vieron en ese mensaje la factibilidad de cometer el delito de forma justificada.

Así sucesivamente, el fallecido presidente Chávez fue pronunciando con virulencia una frase tras otra. Es por ello que tanto Rangel como el resto de los expertos en materia de seguridad coinciden en que, de cierta manera, la violencia se vistió de líder político.

Para el director de Incosec, un líder es un modelo a seguir, es el encargado de educar a la sociedad, un pedagogo.

“Un gobernante enseña con su ejemplo y asume su acción político-administrativa como un proceso dinámico para convertir a la población y guiarla hacia el desarrollo. Si por el contrario lo que siembra son antivalores, la cosecha es negativa”, destaca Rangel.

No solo el fallecido presidente Chávez exhibió un verbo violento y desafiante, sino que muchos representantes políticos del partido de gobierno lo secundaron, al punto de que todavía se expresan con la misma intensidad.

El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, por ejemplo, el 31 de mayo de este año durante un evento del PSUV en el estado Zulia, fue muy directo al señalar que: “andan diciendo que este gobierno se acaba en tres meses, pues échenle bolas que estaremos en la calle para defenderlo”.

Palabras clave a lo largo de catorce años de gobierno revolucionario han sido, entre muchas: muerte, confrontación, guerra, desafío, enfrentamiento, armas y violencia.

En contraposición, el actual presidente de la República, Nicolás Maduro, ha hablado de construir la paz.

Esa palabra la ha pronunciado varias veces en todas las alocuciones que ha efectuado.

Sin embargo, ha existido una carga de contradicción en sus intervenciones, ya que además de la paz que profesa, ha dejado claro que la defensa de la Revolución está en manos de la Fuerza Armada, y más recientemente en las llamadas Milicias Obreras.

Esto hace recordar a Hugo Chávez, cuando en el año 2002 le hizo saber al pueblo y al mundo, que “esta Revolución es pacífica, pero armada”.

Así pues se ha movido la población venezolana a lo largo de catorce años y medio.

Una sociedad fracturada en valores y con alto índice delictivo que, según destacó el ministro de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, donde “la sensación de inseguridad es mayor a la cifra de delitos”. Admitió, además, que el Gobierno Nacional ha diseñado muchos planes de seguridad (21 en total) en estos tres lustros, pero que no han arrojado los resultados esperados.

Por lo pronto, en el país se juega el papel del “conformismo”, donde parte de la sociedad prefiere mantenerse aislada de todo y espera a que las soluciones lleguen “en cualquier momento”.

Ante esto, Rangel explica que hace falta autoridad moral en cuanto al conocimiento de lo que debe ser una sociedad plural. También urge la presencia de un líder que sea capaz de manejar grupos heterogéneos para lograr el diálogo y la contradicción que pueda acercarnos a las soluciones. El desafío, finalmente, es lograr la unidad de todos.

Los colectivos y su cuota

En el año 2008, la fallecida Lira Ron, fundadora del movimiento político Unión Popular Venezolana (UPV), fue enfática al enviarle un mensaje al Gobierno para que dejara los colectivos del 23 de Enero en paz, que cesaran los allanamientos, aunque estuvieran implicados en delitos.

A su juicio, esos grupos armados estaban para la defensa de la Revolución, cumpliendo lineamientos directos de Chávez. Sin embargo, estuvo presa por sus acciones violentas.

Los colectivos han sido pieza fundamental en el proceso político venezolano. Tanto, que se convirtieron en instrumento electoral y de vigilancia. “Un monstruo difícil de controlar”.

 

Temor al “otro”: un problema para la convivencia ciudadana

noviembre 19, 2012

El temor de los individuos a quienes no forman parte de su espacio privado (hogar, familia, grupo social) impide que se creen lazos de cooperación y se logren consensos en situaciones conflictivas.

Los problemas de convivencia entre “refugiados” o “damnificados” y los residentes habituales de algunas urbanizaciones que ahora comparten su espacio local con “ellos” ejemplifican este planteamiento: vecinos organizados para impedir la construcción, por parte del gobierno,  de nuevas viviendas, las constantes quejas por incumplimiento de normas y, en especial, la percepción de inseguridad asociada  a la llegada de estos grupos no son más que expresiones de  temor  a interrelacionarse con “ellos”.

Este es un problema social que, según Silverio González (2005), tiene sus orígenes en las décadas pasadas. La crisis económica y el debilitamiento institucional para atender las demandas de los ciudadanos crearon un escenario en donde la violencia se convirtió en el medio para expresar  descontento  y exigir el cumplimiento de derechos.

En la calle, las expresiones de violencia protagonizadas por los “otros” se convertían en parte de la cotidianidad de los venezolanos; el Caracazo de 1989 y, más tarde, el intento de Golpe de Estado de 1992, consolidaron ese temor, lo que generó un proceso social y espacial de cerramiento como respuesta a la necesidad de conservar un espacio seguro; la calle se asocia entonces a desorden e inseguridad, se teme a quien no se conoce.

“Se instaló la desconfianza en el otro, donde los que tenían algo consideraban al que menos tenía como un potencial ladrón. Se criminalizó la pobreza,  se rutinizó el hurto y el robo al que más tiene. Con lo cual comenzó un encerramiento en las casas de todo el que tiene algo que perder en la calle, comenzando por la posibilidad de perder la vida” (González, 2005, p. 113)

Este proceso  impide futuras asociaciones pues no se reconoce a sí mismo como parte de un colectivo que comparte derechos y deberes con otros individuos.

Los actos de violencia en la cotidianidad, expresados en simples empujones en la cola para tomar el transporte público, agresiones verbales, riñas y  homicidios como medio para la resolución de conflictos interpersonales, intensifican ese temor.

En este sentido, mientras las instituciones públicas no se fortalezcan y garanticen a todos los venezolanos la protección de sus derechos y el cumplimiento de los deberes como parte de un colectivo, el escenario para el ejercicio de la violencia seguiría presente y la convivencia entre distintos grupos sociales se verá imposibilitada.

 

Referencias bibliográficas:

Borja, Jordi. (2001). La ciudad y la nueva ciudadanía. Conferencia pronunciada en el “Fórum Europa”. Barcelona, España.

González, S. (2005). La ciudad venezolana.  Una interpretación de su espacio y sentido en la convivencia nacional. Caracas: Fundación para la Cultura Urbana

Teoría criminológica y delincuencia femenina

noviembre 5, 2012

Imagen extraída de http://www.cunadelanoticia.com/?p=35856

La delincuencia femenina a lo largo de la historia ha sido siempre mucho menor que la masculina, pero al analizar detenidamente este fenómeno, se ha observado un aumento en el índice delictivo femenil en las últimas décadas.

A pesar del incremento de la criminalidad femenina, tanto a nivel teórico como en la práctica de investigaciones científicas dentro del campo de las ciencias penales son pocos los estudios orientados a identificar las causas (o el origen) de este problema.

Entre algunas teorías criminológicas que han estudiado la conducta delictiva femenil, pueden destacarse las siguientes:

La Teoría de la Asociación Diferencial, desarrollada por Edwin Sutherland (sociólogo norteamericano), que explica el crimen y su génesis dentro de los estratos socioeconómicos. Desde su perspectiva, la existencia de una subcultura machista que impone controles sociales a la mujer explica la tasa baja de delincuencia femenina en relación a la masculina. Es decir, el control social asociado a la categoría social femenina, implica restricciones sociales a la hora de participar en este tipo de comportamientos delincuenciales.

Un segundo aporte es el presentado por Meda Chesney – Lind (feminista – criminóloga) de la Universidad de Hawai, la cual ha centrado sus estudios en niñas delincuentes, mujeres criminales, sociología de género y victimización de niñas y mujeres. En 1986 mediante la hipótesis de la desigualdad de género sugiere que: “las relaciones de poder patriarcales dan forma o conducen a mayores desigualdades de género en el delito, empujando a las mujeres a las conductas desviantes a través de la victimización, la marginalidad económica y las necesidades de supervivencia”[1].   

Finalmente, una de las teorías más recientes que explican la relación género y delito es presentada por Stenffensmeier y Allan en un trabajo denominado Gender and Crime: Toward a Gendered Teory of Female Offending (1996). En este trabajo los autores exponen cómo la organización de género de cada sociedad puede impedir o dar forma a la criminalidad femenina. Con una influencia marcada de los principios sustentados por la hipótesis de la desigualdad de género como explicativa de la conducta femenina desviada, los autores trabajan sobre cinco áreas que inhiben el delito femenino pero alientan el masculino.

La criminología tradicional a lo largo del tiempo aplicó las mismas teorías y conclusiones de los estudios de delincuentes varones a las conductas delictivas de las mujeres, evidenciando un escaso desarrollo del estudio sobre la criminalidad femenina y a su vez una fuerte postura androcentrista.

Es conveniente considerar los diversos aportes que se han ido desarrollando a través de estudios referidos a los efectos del crimen, la mujer como víctima y como agresora, su incorporación al mercado delictual, entre otros, con la finalidad de generar nuevas categorías conceptuales que aborden esta problemática y como también generar e impulsar la elaboración e implementación de políticas públicas dirigidas a la atención sobre los efectos de la criminalidad en el género femenino.


[1] Citado en Sánchez, M.

Bibliografía Consultada:

Serrano, M. y Vázquez, C.: Delincuencia Femenina: Nuevas perspectivas para su estudio. Consultado el 29 de octubre 2012. http://www.uned-illesbalears.net/esp/crim104.pdf

Sánchez, M.: La  Mujer en la Teoría Criminológica. Consultado el 29 de octubre de 2012. http://148.202.18.157/sitios/publicacionesite/pperiod/laventan/Ventana20/La%20mujer%20en%20la%20teoria%20criminologica%20%28240-266%29.pdf

“Si quieres hacer la paz con tu enemigo tienes que trabajar con él. Entonces se convierte en tu compañero.” -Nelson Mandela

octubre 11, 2012

Por Natalia Gan Galavís

En cada sociedad es natural que exista conflicto, entendido como grupos de personas que piensan distinto y que se hacen oposición unos a los otros. En muchas ocasiones, este conflicto no es manejado adecuadamente y cada bando cae en la tentación de las descalificaciones y en el peor de los casos, de la violencia atentando así contra la seguridad de otros,  y aumentando las brechas.

Esta oposición de carácter violento es desfavorable y contraproducente para la construcción de proyectos que bien pueden beneficiar a la totalidad de la sociedad. Mientras haya conflicto mal canalizado, no se alcanza la eficiencia y eficacia en la consecución de las metas y objetivos para el progreso socioeconómico y cultural.

La clave se encuentra en que la  incompatibilidad de ideas y posiciones sea manejada de manera constructiva en la que se logren consensos, se materialicen acuerdos y se facilite la reconciliación. El conflicto en este sentido si bien es difícil suprimirlo, por el contrario, debe aprovecharse para realizar una exposición equitativa de ideas y así encontrar soluciones óptimas a los problemas que generalmente afectan a la diversidad de grupos sociales.

En este proceso del manejo adecuado y positivo del conflicto, la convivencia es un principio fundamental. Convivir  es la cualidad de las sociedades para vivir en medio de la diferencia, armonizando los diversos intereses en pro del bien común. La convivencia también permite que grupos diversos puedan compartir en los mismos espacios pacíficamente.

La resolución pacífica del conflicto a través de la convivencia depende de que cada miembro de la sociedad que integran esos grupos diversos, actúe apegado a los valores de respeto y tolerancia. Aprender a ser tolerante es aprender a respetar a quien piensa distinto, lo cual aleja la violencia y facilita la construcción de ciudadanía.

La convivencia y la tolerancia se practican cuando se debaten ideas con argumentos a través de la palabra – no con los insultos, las armas o la violencia. Esta connotación posibilita la capacidad de resolver los conflictos en forma constructiva armonizando los intereses individuales con los colectivos. El propósito es disminuir la violencia en las relaciones personales y sociales, mediante la comprensión, la inclusión, la tolerancia y el respeto.

Material consultado:

Riveros, H. (2008, Mayo). Gobernabilidad Local, Convivencia y Seguridad Ciudadana: Marco para la Acción. Pnud. Recuperado de http://www.regionalcentrelacundp.org/images/stories/DESCENTRALIZACION/marcoparalaaccion.pdf

Planteles educativos: espacios para la reproducción de la violencia en zonas populares

octubre 2, 2012

Por María Maryelis Da Silva

Para quienes viven en zonas populares evitar presenciar actos de violencia es casi imposible: todos los días ocurre al menos un hecho violento en los que suelen estar involucrados jóvenes en edad escolar. Muchos estudiosos indican que la principal causa de la violencia perpetrada por ellos es la exclusión escolar pues son jóvenes que, al ser la calle su espacio para la socialización, se forman según esta dinámica de violencia; no obstante, es importante destacar que esta dinámica  se traslada también a los planteles educativos, convirtiéndose así en espacios  en donde se manifiesta y se reproduce la violencia general.

Un estudio realizado en el año 2009 por  Centro Gumilla en varios liceos de Catia y Petare resultó en que el 73% y 68% de los estudiantes y  docentes consultados, respectivamente, manifestaron haber presenciado actos violentos como agresiones verbales y físicas, abuso de poder y abuso sexual dentro del plantel. Este ambiente hostil e inseguro interrumpe la función educadora de los planteles; no hay un ambiente de aprendizaje y, como afirma Gloria Perdomo (2011), los estudiantes no serán capaces de concentrarse en las actividades escolares, por lo que  su rendimiento será deficiente. Las consecuencias de ello, indica Javier Duplá (2010), serán “aumento de la ausencia de clases y de la deserción escolar, abandono del cargo por parte de muchos docentes que se sienten desautorizados y amenazados, o que no pueden controlar la disciplina” (p. 72). Esto tiene una consecuencia aún mayor: estos jóvenes invertirán más tiempo en la calle, lugar en donde efectivamente corren peligro de ser víctimas de la delincuencia común  y en donde pueden convertirse además en victimarios pues ahí aprehenden una dinámica social en donde la violencia es, generalmente, un medio para obtener respeto entre los pares; para ellos esto será entonces más importante que culminar los estudios fortaleciéndose así la cultura de la violencia.

Mientras el problema general de violencia no sea atendido, los esfuerzos deben centrase en generar un ambiente que propicie  la enseñanza y  el aprendizaje, particularmente en los planteles públicos, por ser estos los centros de enseñanza a los cuales tienen acceso la mayor cantidad de niños, niñas y adolescentes de zonas populares.

Bibliografía consultada:

Machado, J. y Guerra, J. G. (2009, Junio). Violencia en la escuela –La gran diferencia. [Dossier]. SIC, Fundación Centro Gumilla.  No. 715, pp. 211-222

Perdomo, G. (2011). Violencia en las escuelas. Temas de formación Sociopolítica, Fundación Centro Gumilla.  Publicaciones UCAB. No. 48. Pp.99

Duplá, J. (2010). La educación en Venezuela. Temas de Formación sociopolítica. Fundación Centro Gumilla. Publicaciones UCAB. No. 25. Pp122

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